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Hasta que Cristo sea formado en vosotros | Part-2

Hasta que Cristo sea formado en vosotros | Part-2

Mientras estamos en este cuerpo mortal debemos luchar con el pecado y a veces nos preguntamos ¿Por qué Dios no nos cambia en lugar de seguir luchando con nuestros hábitos y adicciones pecaminosas que están en nuestros corazones y en nuestra mente arraigados en lo que el apóstol Pablo llama la carne? ¿Cómo podemos cambiar, si es que existe la posibilidad de hacerlo? Para contestar a esta incógnita vamos a meditar en lo siguiente:

También puedes leer la Primera parte de esta serie de artículos: Hasta que Cristo sea formado en vosotros – Part1

1. Una obra verdadera: Los creyentes hemos sido hechos nuevas criaturas en Cristo.

Hay muchas pasajes en la escritura que nos hablan de esa verdad y uno de ellos es (2Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.) Lo mismo que afirma el apóstol Pablo en (Efesios 2:10) Hubo un tiempo en el que estábamos separados de Dios, ajenos a los pacto de la promesa, sin esperanza y sin Dios; estábamos lejos y hemos sido hechos cercanos por medio Cristo (Efesios 2:12) Vivíamos haciendo malas obras, enemigos en nuestra mente, pero hemos sido reconciliados por medio de la muerte de Cristo. (Colosenses 1:21) La razón por la que somos una nueva creación es por que hemos sido unidos por la fe a Cristo en su muerte y su resurrección. La realidad es que lo que le sucedió a Cristo es como si nos hubiera sucedido a nosotros, (Romanos 6:3-4) morimos y resucitamos con Él.

Todo esto sucedió en el momento que escuchamos y creímos en el evangelio, algo dramático y espectacular ocurrió, nos convertimos en una nueva creación, en personas nuevas, muy diferentes a los que éramos antes. Dios cumplió la promesa del Nuevo Pacto anunciada por los profetas (Ezequiel 36:26-28), Él por medio del Espíritu Santo cambia el corazón de piedra a un corazón de carne y escribe su ley en nuestros corazones para hacernos andar en su ley, de modo que ya no somos lo que fuimos, y así inicia el proceso de ser formados en Cristo. 

2. La realidad: Estamos en una guerra contra el pecado

Sabemos que somos nueva creación y que ahora Dios nos manda andar en nueva vida (Romanos 6:4), no como aquellos que no lo conocen que abrazan el pecado y su placeres. El apóstol Pablo nos exhorta, y Él mismo ora por los colosenses pidiendole a Dios por ellos (Colosenses 1:10 Para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios) Los creyentes debemos andar en nueva vida ahora que estamos en Cristo, pero sabemos que vivir como nuevas criaturas en este mundo no es fácil. Notemos lo que Pablo dice acerca de esa lucha real que experimenta el creyente (Romanos 7:15-20 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.) Evidentemente leemos que existe una lucha y si somos honestos vivimos la mayor parte del tiempo luchando con el pecado tratando de hacer lo que honra a Dios.

Todos tenemos luchas, batallas, oramos para liberarnos del mal, queremos que haya un cambio en nuestras vidas y nos esforzamos por vivir en el Espíritu, pero a menudo nos encontramos como derrotados y pareciera ser que no avanzamos en nuestra carrera cristiana. Creemos que deberíamos ser mejores y a veces pretendemos aparentar se muy espirituales. Quizás nos esforzamos para obedecer los mandamientos, y hasta podemos convertirnos en hipócritas como los fariseos señalando los pecados de los demás antes que los nuestros y así tener un sentido de superioridad y poder acallar nuestra conciencia de que no logramos ver el crecimiento que deseamos. Pero nuestro tercer punto puede proveerte fortaleza.

3. Nuestra esperanza: Dios esta obrando en nosotros!

¿Acaso Dios podría haber hecho de que vivir en esta nueva creación fuera más fácil? ¿Por qué Dios no lo hace? Consideremos tres cosas.

  • Dios quiere que aprendamos a luchar contra los enemigos, contras las fuerzas espirituales de maldad. (Efesio 6:12 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
  • Aún enfrentamos lucha contra la naturaleza pecaminosa que todavía está en nosotros para que aprendamos a depender de Dios, no en nuestra propia fuerza. El quiere que seamos honestos y admitamos que le necesitamos cuando nos encontramos derrotados e impotente ante el pecado. (Romanos 7:15-25)
  • Para que aprendamos a estar dispuestos a obedecer sus medios para llevarnos por a una vida de santidad. Enfrentamos nuestros pecados y nuestros malos hábitos con la sabiduría De Dios tendremos la oportunidad de fortalecernos, de madurar y perseverar porque la prueba de nuestra fe produce paciencia. (Santiago 1:3-5) (Romanos 5:3-4) 

Debemos entender que Dios no quiere destruirnos, más bien quiere fortalecernos y usa las pruebas y nuestras luchas para ese propósito, para que crezcamos en carácter. Él esta sacando un bien de aquello que consideramos un mal. Ese bien es que seamos mas como Cristo, Él esta siendo formado en vosotros (Romanos 8:28-29) Si de una u otra manera te has sentido desalentado en este proceso debes recordar las verdades que Dios nos da en su palabra. El está trabajando y perfeccionando su obra en nosotros (Filipenses 1:6) (Salmos 138:8) Llegara el día cuando al fin seremos libre y compartiremos con Cristo su gloria, así que todas nuestras aflicciones serán quitadas para siempre. Mientras, contemplemos a Cristo quien es nuestra fuente de esperanza debido a que su obra en la cruz hace que pecadores como nosotros seamos hechos santos. Él venció y nos presentará perfectos, sin mancha, ni defectos delante de Dios. Pero si no estas en Cristo y andas en los deseos de la carne sin arrepentimiento perecerás a menos que creas las buenas noticias del evangelio y vengas a Cristo hoy. Renuncia al mundo y sus placeres para atesorar a Cristo por encima de todas las cosas. 

Desde aquí puedes leer el articulo anterior | Parte 1 | o continuar la lectura de la tercera parte de este articulo | Parte 3 |

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